OSLO: La líder opositora venezolana, María Corina Machado, ha generado críticas en Noruega y otros países tras entregar su medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump durante una reunión en la Casa Blanca. Este gesto, que según funcionarios del Nobel, no implica ni puede transferir el premio en sí. Fotos publicadas desde la Oficina Oval muestran a Machado entregando la medalla y a Trump sosteniéndola ante las cámaras, convirtiendo un acto personal en un espectáculo político internacional centrado en uno de los honores más preciados del mundo.

El Comité Noruego del Nobel y el Instituto Noruego del Nobel declararon que el Premio Nobel de la Paz, una vez otorgado, no puede revocarse, compartirse ni transferirse, y que el galardonado sigue siendo la persona u organización seleccionada por el comité. Los funcionarios del Nobel señalaron que, si bien los galardonados poseen la medalla física, el reconocimiento registrado en los archivos del Nobel es inseparable de la decisión original del premio. La aclaración se produjo después de que la entrega generara confusión sobre si Trump podía reclamar formalmente el estatus de Nobel.
Trump recibió públicamente el obsequio y posteriormente utilizó las redes sociales para sugerir que había recibido el Premio Nobel de la Paz por su papel en Venezuela, lo que provocó nuevas críticas de las instituciones vinculadas al Nobel en Oslo. El Centro Nobel de la Paz también enfatizó la distinción entre la posesión de la medalla y la propiedad del premio. Los representantes del Nobel se negaron a abordar las implicaciones políticas de la decisión de Machado, limitándose a las normas que rigen la concesión del premio.
Machado, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 2025, describió la entrega de la medalla como un reconocimiento al apoyo de Trump a la "libertad" venezolana y expresó su gratitud en nombre de los venezolanos. El intercambio se produjo tras un mes turbulento en Venezuela, que incluyó la destitución del presidente Nicolás Maduro tras las medidas estadounidenses a principios de enero, acontecimientos que han transformado el panorama político del país y han intensificado el escrutinio sobre la influencia extranjera en su transición.
Reacción en Noruega y las instituciones Nobel
Las figuras políticas noruegas reaccionaron con dureza, calificando el gesto de degradante para la reputación del premio y para la decisión del comité de honrar a Machado. Kirsti Bergsto, líder del partido de Izquierda Socialista de Noruega, calificó la entrega de la medalla de "absurda" y "sin sentido", añadiendo que un premio de la paz no se puede entregar. Bjornar Moxnes, líder del Partido Rojo, criticó lo que describió como un manejo político del simbolismo relacionado con el Nobel y abogó por criterios profesionales más estrictos en la constitución de los órganos decisorios del Nobel.
Los comentarios editoriales en Noruega también destacaron que el Premio Nobel de la Paz se considera ampliamente un referente moral y diplomático, y que la asociación pública con un galardonado ajeno a la elección del comité puede desvirtuar esa idea. Varios comentaristas señalaron la inusual imagen de un galardonado entregando la medalla a un presidente estadounidense en ejercicio que ha expresado reiteradamente su interés en recibir el premio. El resultado, según los críticos, fue que el significado del premio quedó eclipsado por un momento diseñado para la máxima visibilidad.
Más allá de Noruega, el episodio provocó fuertes reacciones en Europa y Latinoamérica, donde el Premio Nobel de la Paz suele considerarse una declaración institucional más que una posesión personal. Analistas y figuras públicas destacaron la tensión entre el proceso formal de selección del Comité Nobel y un esfuerzo de alto perfil para reasignar el crédito mediante una transferencia simbólica. Los representantes del Nobel no cuestionaron el derecho de Machado a regalar el objeto físico, pero reiteraron que tales gestos no redefinen el galardón.
Una medalla cambia de manos, el premio no.
Las preguntas sobre el estatus de la medalla llamaron la atención sobre las normas del Nobel, que permiten a los galardonados conservar, exhibir, vender o regalar la medalla, incluso mientras el título permanezca inamovible. Las autoridades del Nobel afirmaron que la decisión de otorgar el premio es definitiva y permanente, y que ningún acto posterior puede conferir la condición de laureado a otra persona. Las declaraciones, presentadas como si fueran de procedimiento, transmitieron un mensaje inequívoco, ya que las imágenes de Trump con la medalla circularon ampliamente.
La controversia también se ha visto amplificada por el contraste entre el historial formal del Comité Nobel y la forma en que Trump enmarca públicamente el momento. Las instituciones del Nobel en Oslo históricamente han evitado las disputas políticas, pero ocasionalmente han intervenido para corregir interpretaciones erróneas del estatus del Nobel. En este caso, la necesidad de una aclaración surgió tras una secuencia de eventos que combinaban un premio de reconocimiento internacional, una figura política polarizadora y una crisis regional ya de por sí volátil.
No ha surgido ningún registro público verificado que muestre que Trump insultara a Machado tras recibir la medalla, a pesar de las afirmaciones que circulan en línea. La cobertura de la reunión y sus consecuencias se ha basado en fotos oficiales, declaraciones grabadas y declaraciones atribuibles a instituciones del Nobel y funcionarios públicos. Lo que sí queda documentado es el hecho fundamental de que se puede entregar una medalla Nobel, mientras que el Premio Nobel de la Paz sigue estando legal e históricamente vinculado al laureado elegido por el comité. – Por Content Syndication Services .
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